¿Qué es la vitalidad Urbana? El pulso que transforma espacios en lugares

Existe una cualidad central que es el criterio fundamental de la vida y el espíritu de un hombre, una ciudad, un edificio o un yermo. Dicha cualidad es objetiva y precisa, pero carece de nombre.

Cristopher Alexander

En el campo de la biología, la vitalidad es la facultad de tener vida y la energía para desarrollarla. En el urbanismo, este concepto no es muy diferente. La vitalidad urbana no es una característica estética, sino una condición socio-espacial que define si una ciudad es un simple mecanismo de funciones o un organismo vivo, vibrante y resiliente.

Para el diseñador urbano, la vitalidad es el indicador definitivo del éxito. Un espacio puede ser arquitectónicamente impecable, pero si carece de personas que lo habiten, lo recorran y lo transformen, es un espacio muerto. En este artículo exploraremos las raíces de este concepto, desde los «no lugares» de Augé hasta la complejidad sistémica de Jane Jacobs.


1. El espacio como soporte de la vida: Del objeto al lugar

La vitalidad urbana surge cuando un entorno físico deja de ser solo una construcción y se convierte en un lugar. Mientras que el diseño arquitectónico se ocupa a menudo del objeto, el diseño urbano se ocupa de la relación entre los objetos y la vida que ocurre entre ellos.

Un entorno vital es aquel que es habitable y apropiable. Se caracteriza por una serie de atributos —densidad, escala humana, seguridad pasiva y mixtura social— que actúan como imanes para la actividad humana. Sin embargo, es un error común pensar que la construcción de nueva infraestructura garantiza vitalidad. Muchos procesos de consolidación urbana, centrados únicamente en la normativa técnica o la rentabilidad inmobiliaria, terminan creando desiertos urbanos carentes de alma.

2. Los «No Lugares»: La desolación de la modernidad

Para entender la vitalidad, debemos analizar su antítesis. El antropólogo francés Marc Augé introdujo el concepto de “No Lugar” (2009) para describir los espacios propios de la «sobremodernidad».

Los no lugares son espacios de transitoriedad: aeropuertos, estaciones de metro, grandes parkings o áreas bajo puentes. Son áreas donde el individuo es anónimo, donde no existe una relación de identidad con el entorno ni un vínculo histórico.

  • El síntoma: La percepción de inseguridad y hostilidad.
  • La causa: La falta de «ojos en la calle» y la ausencia de motivos para la permanencia. Entender el «no lugar» es fundamental para el diseñador urbano; nuestra misión es transformar esos vacíos funcionales en nodos de encuentro.

3. La lección de Jane Jacobs: El ballet de las aceras

No se puede hablar de vitalidad sin citar a Jane Jacobs. En su análisis de Rittenhouse Square en Filadelfia, Jacobs desmanteló la idea de que los parques y plazas son pulmones mágicos que generan bienestar por sí mismos.

“Rittenhouse Square posee un contorno muy diverso y está enclavado en una vecindad también muy diversa. Las aceras contiguas tienen, por orden, un club de arte con restaurante salas y galerías de exposición, una escuela de música, unas oficinas del Ejercito, una casa de apartamentos, un club, una vieja botica, un edificio de oficinas de la Armada que antes era un hotel, una iglesia, un centro parroquial, más apartamentos, una biblioteca pública, apartamentos, unos solares donde se construirá un grupo de viviendas, otro grupo de viviendas, más apartamentos. Inmediatamente detrás de la circunvalación de la plaza, en las calles que van a desembocar a ésta y en las paralelas a sus cuatro lados, hay un amplio repertorio de tiendas y servicios de todas clases, con casas viejas o nuevas encima, mezcladas con innumerables oficinas y despachos.

¿Hay algo en este dispositivo físico de la vecindad que afecte físicamente al parque? Sí. La variedad de usos de los distintos edificios envía al parque una gran variedad de usuarios que entran y salen del parque a todas horas. Éstos usan el parque en horas diferentes porque sus ocupaciones cotidianas difieren. El parque posee así una compleja secuencia de usos y usuarios” …

… En resumen, Rittenhouse está continuamente ocupado por las mismas razones básicas por las que se usa una acera animada: por la diversidad de usos y funciones de los alrededores, y por tanto la diversidad de los usuarios y sus horarios” (JACOBS, 2011).

(Jacobs, 2011).

Jacobs identifica la diversidad de usos como el motor de la vitalidad. Cuando un sector tiene oficinas, residencias, bibliotecas y comercios, el flujo de personas no se detiene a las 5:00 PM. Este «ballet de las aceras» crea una vigilancia natural y una economía local circular que sostiene la vida urbana durante las 24 horas del día.

Imagen de Rittenhouse Square, Fuente: Elaboración Propia a partir de Google maps

4. El conflicto: Hitos arquitectónicos vs. Vitalidad urbana

Un caso de estudio paradigmático es la Unidad Habitacional de Marsella, diseñada por Le Corbusier. Como objeto arquitectónico, es una obra maestra de la modernidad y un hito del Brutalismo. Sin embargo, su implantación urbana sigue el modelo de «torres en el parque», que a menudo resulta en:

  • Aislamiento: El edificio se retira de la alineación de la calle.
  • Zonas muertas: Grandes áreas verdes que, al no tener usos activos en sus bordes, se convierten en espacios de transición sin vida.
  • Prioridad al automóvil: Superficies dominadas por estacionamientos y árboles que no logran configurar un microclima social.

Por el contrario, el modelo de ciudad compacta que defendía Jacobs demuestra que la vitalidad depende de la capilaridad de las calles y de la capacidad de los edificios para «hablarle» al espacio público a través de fachadas activas y accesos frecuentes.

Imagen del contexto de la Unidad hyabitacional de Marsella. Fuente: Imagen propia a partir de google maps

5. Principios para fomentar la vitalidad urbana

Como diseñadores, podemos fomentar la vitalidad mediante estrategias específicas:

  1. Mixtura de usos: Evitar la zonificación monofuncional. La vivienda debe convivir con el comercio y el servicio.
  2. Densidad equilibrada: Suficiente población para sostener negocios locales y transporte público.
  3. Permeabilidad visual y física: Fachadas que permitan ver lo que ocurre dentro y fuera, eliminando muros ciegos.
  4. Escala Humana: Mobiliario, iluminación y dimensiones pensadas para el peatón, no para el vehículo.

Conclusión

La vitalidad urbana es el indicador de salud de nuestra sociedad. Un espacio que ofrece las condiciones para que la comunidad se apropie de él se convierte en un activo social y económico. Cuando olvidamos estos principios, el espacio colectivo se degrada, la calidad de vida disminuye y la ciudad deja de cumplir su propósito fundamental: ser el escenario de la civilización.

Podemos afirmar que, un espacio que brinda vitalidad ofrece las condiciones necesarias para el desarrollo de diversas actividades no solamente para la comunidad que lo habita, sino que se consolida en un punto atractor para visitantes. De esta manera, la vitalidad es posible mediante determinados componentes no necesariamente vinculados a las construcciones por su propia naturaleza sino a principios urbanos que le aportan valor por medio de estrategias y acciones que permiten que un espacio colectivo sea habitado por diversidad de personas. Cuando alguno de estos principios está ausente, la calidad de vida de las personas que habitan y se apropian de un espacio colectivo disminuye y el espacio se torna inapropiable.

Referencias

ALEXANDER, C. (1981). El modo intemporal de construir. Barcelona: Gustavo Gili.

AUGÉ, M. (2009). Los no lugares: Espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa.

JACOBS, J. (2011). Muerte y Vida de las grandes ciudades. Navarra: Caapitan Swing.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio