Vacio urbano como articulador dela ciudad

Más Allá del Edificio: ¿Por Qué el «Vacío urbano» es el Verdadero Protagonista del Diseño de una ciudad?

«Un espacio vacío es aquel que aún no ha sido colonizado por la mirada o por la función.» 

 Ignasi de Solà-Morale

En las facultades de arquitectura, a menudo se nos enseña a diseñar «objetos»: el edificio escultórico, la fachada impresionante, el volumen que destaca en el skyline. Sin embargo, cuando caminamos por una ciudad que realmente amamos, rara vez miramos hacia arriba. Miramos a nuestro alrededor, a la altura de los ojos. Lo que experimentamos no son los edificios en sí, sino el «vacío urbano» que queda entre ellos.

Históricamente, el urbanismo moderno trató este vacío como un residuo—un espacio sobrante para aparcar coches o garantizar la luz solar—. Pero una revisión profunda de la teoría urbana contemporánea, liderada por Jan Gehl, nos sugiere un cambio de paradigma radical: el vacío no es la ausencia de ciudad, es la ciudad misma.

1. Jan Gehl y la «Vida entre Edificios»

Para entender la importancia del vacío, debemos acudir a la obra seminal de Jan Gehl, La humanización del espacio urbano. Gehl nos enseña que el diseño físico del vacío tiene un impacto directo en cómo nos comportamos como especie social.

Gehl clasifica las actividades humanas en tres tipos, y su relación con el vacío es reveladora:

  • Actividades Necesarias: Ir al trabajo o esperar el autobús. Estas ocurren sin importar si el diseño es bueno o malo.
  • Actividades Opcionales: Pasear, sentarse a tomar el sol o leer. Estas solo ocurren si el vacío urbano es atractivo y confortable.
  • Actividades Sociales: Conversaciones y juegos. Estas son el resultado de las actividades opcionales.

La conclusión es técnica y contundente: Si diseñamos vacíos urbanos hostiles (o «espacios perdidos» de 60 km/h), eliminamos las actividades opcionales y, por ende, matamos la vida social de la comunidad. El vacío es importante porque es el único lugar donde la interacción social no está guionizada.

Sucesión de vacios urbanos

2. El «Terrain Vague»: El Valor de lo Indefinido

Mientras Gehl aboga por un vacío activo y programado, el teórico catalán Ignasi de Solà-Morales nos ofrece una perspectiva complementaria pero vital: el concepto de Terrain Vague (terreno vago o impreciso).

En una ciudad donde cada metro cuadrado es productivo y comercial, los vacíos urbanos residuales (solares post-industriales, descampados) se vuelven importantes porque son contenedores de memoria y libertad. A diferencia de un centro comercial o una plaza híper-diseñada, estos vacíos permiten usos espontáneos y marginales que no tienen cabida en la ciudad formal. El vacío, entonces, es importante porque actúa como el «pulmón de libertad» ante la rigidez de la planificación urbana.

3. Seguridad y Cognición: Jacobs y Lynch

La importancia del vacío también es una cuestión de seguridad y salud mental.

  • Seguridad: Como argumentaba Jane Jacobs, un vacío urbano activo proporciona «ojos en la calle». Los espacios residuales muertos rompen el tejido social y crean inseguridad; los vacíos activados por bordes comerciales y residenciales crean vigilancia natural.
  • Identidad: Para Kevin Lynch, el vacío (en forma de nodos que generalmente contienen hitos) es fundamental para la «legibilidad» de la ciudad. Sin vacíos claros que estructuren nuestra visión, la ciudad se vuelve un laberinto confuso que genera ansiedad en el habitante.
Parque Superkilen en Copenhague, un ejemplo de vacío urbano diseñado para la integración multicultural y la actividad social.

4. El Vacío como Herramienta de recuperación de la ciudad

Sinembargo un espacio Vacío proporciona oportunidad de diseño, que no se basa solamente en la apariencia estética sino en el conformar lugares habitables y vibrantes, es decir que sean utiles y agradables para que las personas puedan disfrutar de muchas actividades en el espacio público y para que ello suceda es necesario que cada espacio tenga acogida, genere protección y envolvente. Cada espacio de reunión debe convertirse en un lugar que debe estar interconectado por ejes de movimiento (Sendas en el lenguaje de Kevin Lynch).

Proyectos recientes, como el piloto de «Entornos Escolares Saludables» en Bogotá asesorado por Gehl, demostraron que intervenir tácticamente el vacío (pintura, mobiliario) podía aumentar la actividad física y la percepción de seguridad en un 50%. Sinembargo, un espacio debe ser un polo atractor que genere uso no solamente como una intervención ligera sino que tiene que generar arraigo y apropiación entre la comunidad.

Aquí, el vacío deja de ser un lujo estético para convertirse en una infraestructura de salud pública y justicia espacial. Recuperar un vacío residual es, a menudo, la única forma de dotar de equipamiento a barrios densos e informales. pues cuando la comunidad se apropia hay un paso importante en la sostenibilidad desde el punto de vista social, es necesario que los factores medioambiental y economico esten presentes, así un buen espacio publico generado a partir del «vacío» debe tener un gozo para sus usuarios y repercutir en su calidad de vida.

Transformación de un espacio residual en un lugar de encuentro mediante urbanismo táctico

Conclusión: Diseñar el «No-Edificio»

La lección para los diseñadores urbanos del siglo XXI es clara: debemos invertir el proceso. En lugar de diseñar edificios y rellenar los huecos, debemos diseñar primero el vacío —su escala, su protección climática, sus bordes activos— y dejar que los edificios lo acompañen. Porque, como sentencia Jan Gehl: «Primero modelamos las ciudades y luego ellas nos modelan a nosotros». El vacío es el molde.


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