Cuando pensamos en un «ecosistema», imaginamos un bosque tropical, un arrecife de coral o una pradera alpina. Rara vez pensamos en una intersección de avenidas con tráfico, edificios de hormigón y cables eléctricos.
Sin embargo, para el ecólogo y planificador italiano Virginio Bettini, la respuesta es un rotundo sí. La ciudad es un ecosistema.
Pero no es un ecosistema cualquiera. Es un sistema particular, voraz y complejo que funciona bajo las mismas leyes de la termodinámica que un bosque, pero con reglas de juego muy diferentes. Hoy en urbandesigner.org, analizamos la ciudad bajo la lupa de Elementos de Ecología Urbana de Bettini.
La Ciudad como Ecosistema Heterótrofo
La distinción más importante que hace Bettini es biológica.
- Un bosque es un ecosistema autótrofo: Produce su propia energía (fotosíntesis). Es autosuficiente.
- La ciudad es un ecosistema heterótrofo: No produce su propia energía. Necesita «comer» de fuera para sobrevivir.
Bettini describe a la ciudad casi como un organismo gigante o un parásito a gran escala. Para mantenerse viva, la ciudad necesita importar cantidades masivas de energía, alimentos y agua desde territorios lejanos, y exportar (expulsar) sus residuos y contaminación hacia la periferia.
Los Componentes del Ecosistema Urbano
Para analizar la ciudad, Bettini utiliza los conceptos clásicos de la ecología, pero adaptados al entorno construido:
1. El Biotopo Urbano (El contenedor)
En la naturaleza, el biotopo es el suelo, el clima y el agua. En la ciudad, el biotopo ha sido radicalmente modificado por el hombre (el Tecnosistema).
- Suelo sellado: El asfalto y el hormigón impiden el ciclo natural del agua.
- Clima modificado: La ciudad crea su propio microclima, conocido como la «Isla de Calor Urbana», atrapando radiación y modificando los vientos.
2. La Biocenosis Urbana (Los habitantes)
Es la comunidad viva que ocupa el biotopo.
- Población humana: La especie dominante que controla los flujos de energía.
- Flora y fauna: Desde los árboles ornamentales y jardines domésticos hasta la fauna oportunista (ratas, palomas, insectos) que ha aprendido a prosperar en los nichos que creamos.
El Metabolismo de la Ciudad
Bettini pone un énfasis especial en la termodinámica. La ciudad es una máquina de disipar energía.
Entran recursos de baja entropía (combustibles fósiles, electricidad limpia, comida fresca) y salen productos de alta entropía (calor residual, basura, aguas negras, CO2).
El problema que señala Bettini no es la existencia de la ciudad, sino su ineficiencia metabólica. Mientras que un ecosistema natural recicla casi el 100% de sus materiales (las hojas caídas nutren al árbol), la ciudad lineal actual apenas recicla, acumulando residuos que el sistema natural no puede absorber.
El Factor Psicosocial: La variable humana
Aquí es donde Bettini se separa de la biología pura. En un ecosistema urbano, no solo importan los flujos de energía física, sino también los flujos de información y cultura.
El estrés, la percepción del espacio, la economía y las relaciones sociales son parte integral de este ecosistema. Un diseño urbano que ignora la salud mental de sus habitantes es, en términos ecológicos, un hábitat degradado, similar a un río contaminado donde los peces no pueden prosperar.
Conclusión: Hacia una Ecología Urbana Real
Aceptar que la ciudad es un ecosistema nos obliga a cambiar cómo diseñamos. Ya no se trata solo de «poner verde» o plantar árboles para decorar (cosmética urbana).
Siguiendo a Bettini, el reto del urban designer contemporáneo es arreglar el metabolismo de la ciudad:
- Cerrar ciclos: Que los residuos se conviertan en recursos.
- Reducir la dependencia: Crear ciudades que produzcan parte de su energía.
- Renaturalizar el biotopo: Permitir que el suelo respire y el agua se filtre.
La ciudad es un ecosistema vivo, pulsante y complejo. De nosotros depende que pase de ser un parásito del territorio a un simbionte sostenible.
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