«El espacio público es la piel de la ciudad».
— Oriol Bohigas
En el urbanismo contemporáneo, a menudo caemos en el error de definir la ciudad por sus edificios: los hitos arquitectónicos, los rascacielos o los grandes conjuntos residenciales. Sin embargo, la verdadera esencia de la urbe no reside en lo construido, sino en lo que ocurre entre ello. La pregunta «¿Qué es el espacio público?» parece tener una respuesta obvia, pero como profesionales del diseño urbano, sabemos que la definición jurídica o catastral es insuficiente para explicar la complejidad de nuestra materia de trabajo.
Este artículo disecciona el concepto de espacio público no como un residuo entre edificios, sino como el sistema nervioso central que dota de coherencia, valor y humanidad a nuestras ciudades.
1. La Definición Normativa: Accesibilidad y Gratuidad
Para empezar con rigor, debemos remitirnos a la Carta del Espacio Público, adoptada en la Bienal de Roma y consolidada hacia Hábitat III (2015). Este documento nos ofrece una definición operativa global: los espacios públicos son todas aquellas áreas de propiedad o uso público que son accesibles y utilizables por todos de manera gratuita y sin fines de lucro.
Esta definición encierra tres claves que separan el verdadero espacio público de los «pseudo-espacios» (como los malls o plazas corporativas):
- Accesibilidad Universal: No basta con que sea público legalmente; debe ser física y socialmente accesible. Si hay barreras arquitectónicas o psicológicas (miedo, exclusión), el espacio falla en su función pública.
- Ausencia de Lucro: Es el lugar de la ciudadanía, no del consumo. La permanencia no tiene precio.
- Bienestar Colectivo: Se reconoce oficialmente como un elemento clave para el bienestar individual y social, y no solo como una infraestructura de movilidad.1
2. La Dimensión Política: La Ciudad es la Gente en la Calle
El sociólogo y urbanista Jordi Borja nos entregó una de las premisas más potentes para nuestra disciplina: «El espacio público es la ciudad».4 Sin él, no hay ciudadanía, solo aglomeración.
El espacio público es intrínsecamente un espacio político. Es el escenario donde se visibilizan las demandas sociales, donde ocurre el conflicto democrático y donde nos reconocemos como iguales. Borja argumenta que la calidad de este espacio es un indicador directo de la calidad de nuestra democracia. Un diseño urbano que fragmenta, que cierra calles o que prioriza el paso rápido sobre la estancia, es un diseño que debilita el tejido social.4
Por tanto, el espacio público debe ser polivalente y multifuncional. A diferencia del funcionalismo moderno que segregaba usos, el espacio vital debe permitir la mezcla: el juego, el comercio informal, el paso, la protesta y el descanso, todo ocurriendo simultáneamente.
3. La Dimensión Humana: Diseñando a 5 km/h
Si Borja nos da la teoría política, Jan Gehl nos da la métrica de diseño. El gran error del siglo XX fue planificar ciudades a la velocidad del automóvil (60 km/h), donde los detalles se pierden y la escala se agiganta. Recuperar el espacio público significa volver a diseñar a 5 km/h, la velocidad del peatón.
Gehl establece cuatro objetivos para una «Ciudad para la Gente» que todo diseñador urbano debe memorizar:
- Ciudad Vital: Se mide por cuánta gente se detiene, no solo por cuánta pasa.
- Ciudad Segura: La seguridad nace de la cohesión y la vigilancia natural.
- Ciudad Sana: El diseño debe invitar a la actividad física pasiva (caminar, pedalear) como rutina diaria.
- Ciudad Sostenible: Priorizar la movilidad verde.
Aquí entra en juego la teoría de Jane Jacobs sobre los «ojos en la calle» (Eyes on the Street). La seguridad no depende exclusivamente de cámaras o policías, sino de una red inconsciente de vigilancia ciudadana que solo es posible si el diseño urbano fomenta fachadas activas, mezcla de usos y una clara demarcación entre lo público y lo privado.
4. El Argumento Económico y Ambiental: No es Gasto, es Inversión
Para convencer a autoridades y desarrolladores, debemos hablar el lenguaje del valor. El espacio público de calidad no es un «adorno», es un activo productivo.
- Valor Inmobiliario: Investigaciones de CABE en Londres demostraron que mejorar la calidad del diseño de una calle high street incrementa los precios de las viviendas adyacentes en un promedio del 5.2% y las rentas comerciales hasta en un 4.9%. El peatón es el cliente natural del comercio local; el conductor es solo tráfico.
- Impacto Ambiental: En la lucha contra el cambio climático, el diseño de aceras anchas y arboladas no es cosmético. ONU-Hábitat señala que un buen diseño de espacio público que reduzca la dependencia del auto puede disminuir las emisiones en 15 kg de CO2 por hogar al año.
- Salud Pública: La OMS recomienda un mínimo de 9 m² de espacio verde por habitante, con un ideal de 50 m². El acceso a estos espacios es una cuestión de justicia sanitaria.
Conclusión
Responder «¿Qué es el espacio público?» es definir qué tipo de sociedad queremos ser. Es una infraestructura total: es el articulador físico que une la morfología urbana, el articulador social que permite la convivencia de extraños y el articulador económico que valoriza la ciudad. Como diseñadores urbanos, nuestra misión es transformar los «vacíos» en «lugares», pasando del space (físico) al place (significativo).
Referencias Citadas en el Artículo:
- Carta del Espacio Público (Bienal de Roma/ONU-Hábitat).
- Borja, J. – La ciudad y la ciudadanía.
- Gehl, J. – Ciudades para la Gente.
- Jacobs, J. – Muerte y vida de las grandes ciudades.
- CABE – Paved with Gold: The real value of good street design.



